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Situación de la Infancia
Herencia de la guerra

´´ ¿Por qué estoy vivo? Sería mejor si estuviera muerto. Oh, Angola país mío, ¿por qué sigo vivo?´´ El eco de este canto infantil resuena a menudo en los alrededores del desolado orfanato, que ahora recibe el apoyo del Centro Social SOS situado en la ciudad costera de Benguela. Es la canción de una generación que, como muchas en la población, nunca ha conocido la paz.

Angola, con su impresionante paisaje y sus inmaculadas playas no sólo es un país maravilloso sino, en potencia, uno de los más ricos de África. Es rico en petróleo y diamantes, pero esta nación del suroeste africano sigue estando caracterizado por los casi 27 años de conflicto entre el Gobierno y el grupo de rebeldes Unita, a los que finalmente se dio fin con la firma de un acuerdo de paz en abril de 2002.

La guerra civil ha costado cara. El conflicto se ha cobrado la vida de alrededor de un millón de personas, ha ocasionado que otros millones más hayan perdido su hogar y deja tras de sí a toda una generación que sólo conoce la guerra. La gran mayoría de los desplazados interiores son niños y aproximadamente 100.000 jóvenes han sido separados de sus familias.

Durante la guerra fueron destruidas más de 5.000 escuelas y en la actualidad más del 50% de los niños de Angola no tienen acceso a una educación básica. La mayor parte de los hospitales y de las instalaciones sanitarias del país ha sido arrasada durante la reyerta. La fértil tierra está sembrada de minas y la infraestructura del país está prácticamente en ruinas. La miseria absoluta es la realidad de la mayoría de los de los 13 millones de angoleños.

Con el cese al fuego se vio realmente el impacto que la guerra había causado sobre la población civil del campo. La desnutrición entre la población de las zonas conflictivas ´´se encuentra entre lo peor que se ha visto en África en la última década´´, según declaró la organización Médicos Sin Fronteras cuando salió a la luz la cruda realidad, cómo se había deteriorado la vida de sus habitantes. ´´ La paz no ha supuesto ningún cambio en la vida de las personas´´, opina Jozsef Szalontai, director de proyectos de Aldeas Infantiles SOS Angola.

Las condiciones generales de vida de los angoleños no han mejorado. La falta de semillas y maquinaria, así como el mal estado de las carreteras y del sistema de transporte demuestran que el sistema agrícola que el Gobierno esperaba implantar no funciona. Como no se invierte en el país, no hay oportunidades de trabajo ni producción de mercancías. El camino de la reconstrucción del país será arduo y sólo cabe esperar que las querellas internas debidas a la pobreza y a grupos descontentos, no den pie a un nuevo brote de guerra.

Aldeas Infantiles SOS Angola

Aldeas Infantiles SOS inició su labor en Angola hace nueve años ayudando a las víctimas más débiles de la guerra en Lubango y sus alrededores. Lubango es la capital, relativamente segura, de la provincia de Huila, al sur del país. Sin embargo, antes de terminar la construcción de la primera Aldea Infantil SOS se lanzó una campaña completa de vacunación para combatir una epidemia de meningitis que se cobró la vida de cientos de niños, dentro y fuera de la ciudad. Éste sería el primero de una serie de Programas de Emergencias SOS.

En el año 1997, la Aldea Infantil SOS Lubango implementó medidas de emergencia adicionales que siguen vigentes en la actualidad. Al principio, unos 400 niños que sufrían desnutrición, recibían una comida nutritiva al día. Pero un año después, en vista del enorme número de refugiados, se creó un segundo centro de distribución de alimentos para niños, mujeres embarazadas, personas mayores y personas con necesidades especiales, en barrio de chavolas, a unos 10 km de la aldea. En 1998 aumentaron los conflictos y en ambos centros se atendió a otros 600 niños refugiados que estaban desnutridos. El Centro Médico SOS de Lubango dirigió otra campaña de vacunación en colaboración con las autoridades locales y en la actualidad continua tratando a 450 pacientes al mes.

La vida en Lubango después de la guerra

Desde que terminó la guerra, la inflación sigue aumentando y ya es muy alta. Las madres SOS tienen que estirar los presupuestos, lo que resulta desmoralizante. El personal se siente feliz por la paz pero tiene problemas con la escasez de alimentos y los precios. Por ejemplo, en Navidad un huevo costaba 1 dólar (R15).

La Aldea Infantil SOS está colaborando con los profesores y miembros de la comunidad para motivar a los 600 niños de la comunidad para recibir una educación. En la actualidad, sólo el 10% asiste a la escuela. A unos 6 km de la Aldea Infantil SOS se encuentra una iglesia abandonada que fue transformada en la escuela para los niños de Tchio Nguelo. Jóvenes de la Aldea Infantil SOS repararán el ruinoso edificio y ayudarán a construir un nuevo tejado. Aldeas Infantiles SOS proporcionará material escolar y también ofrecerá a los profesores la oportunidad se seguir formándose y aprender nuevos métodos de enseñanza y motivación en la Escuela Primaria SOS Lubango.

Hoy en día, el Jardín de Infancia SOS ofrece educación y una comida al día a 140 niños de la aldea y de la comunidad. El año pasado, estudiantes de corte y confección del Centro de Formación Profesional SOS cosieron ropa de cama y vestidos y los vendieron al público en una subasta de fin de año. Los niños, el personal y los miembros de la comunidad aprenden nociones básicas sobre ordenadores en el centro de informática.

Nuestro trabajo en Benguela

Siguiendo la decisión de construir una segunda Aldea Infantil SOS en la ciudad portuaria de Benguela, en la costa oeste de Angola, en el año 2000 se lanzó un Programa de Emergencia SOS. La Guardería Deolinda Rodríguez ya existente, fue completamente renovada y se le dio un apoyo completo hasta que se traspasó a otra ONG a comienzos de este año. Se reemplazaron ventanas y tejas, se taparon los agujeros de las paredes y se pintaron éstas. Entre 70 y 80 niños recibieron una sólida base para su educación preescolar, una nutritiva comida diaria y, cuando era necesario, ropas de segunda mano.