El presidente de Aldeas Infantiles SOS Helmut Kutin en el 20º aniversario de la muerte de Hermann Gmeiner.
Este año conmemoramos el 20º aniversario de la muerte de Hermann Gmeiner. Es una ocasión para recordar, pero también para preguntarse, donde son visibles hoy su filosofía y sus actos, y si su visión de un mundo favorable a los niños aún sigue viva.
Hermann Gmeiner (1919 – 1986) se encontraba entre esos pocos hombres que no se contentan con tener una visión, que le ocupó la mayor parte de su vida, no era una cualquiera: quería que los niños abandonados fueran acogidos como si fueran propios; que los niños sin raíces encontraran un punto de apoyo y que les crecieran alas firmes para que después pudieran valerse por sí mismos.
Hermann Gmeiner soberbio la pesadilla de la Segunda Guerra Mundial y perder a su madre cuando era niño. Dos acontecimientos que no aseguraban que se convirtiera en un hombre con actitudes positivas. Sin embargo ambas experiencias -tan amenazantes para la vida- le llevaron al fondo de la existencia humana, a preguntarse sobre el ser humano y nuestra humanidad. Lo que él mismo vivió como niño, y lo que el destino durante y después de la guerra le hizo vivir, sembraron en él la convicción de que la única cura posible contra la inhumanidad es la compasión y la responsabilidad compartida por los demás. ¿Y dónde empieza esta solidaridad con los demás si no con los niños? La visión de Hermann Gmeiner se basa en un pilar intemporal e inquebrantable: solamente un niño querido puede convertirse en un adulto que pueda amar. Esta sencilla convicción, que es común en todas las religiones y que no conoce fronteras, no tiene fecha de caducidad.
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